Existen dos extraordinarios mensajes de dos ilustres mexicanos que nos deberían de servir para orientar el rumbo de nuestra nación y de nuestra vida personal y familiar. El primero fue escrito por Don José María Morelos y Pavón en 1813: “Los Sentimientos de la Nación” , y el segundo mensaje es del General Álvaro Obregón en una carta dirigida a su hijo Humberto el 27 de junio de 1928.

El mensaje de Don José María Morelos y Pavón nos resalta que: “Los mexicanos hemos sido ociosos por derecho y holgazanes legalmente. Se nos alentó a consumir sin producir. Nuestras ciudades son escuelas de vagancia de quienes se desparraman por todo el país después de haberse educado entre fiestas y disipación. Nuestro pueblo no carece de alimentos, sino de educación y por eso tenemos pauperismo mental. En realidad nuestro pueblo mexicano se muere de hambre de instrucción, de sed de saber, de pobreza de conocimientos prácticos y de ignorancia en el arte de hacer bien las cosas. Quieren pan sin trabajo, viven del maná del Estado, y eso les mantiene esclavos de su propia condición”.

Pero en su mensaje Don José María nos menciona en su mensaje una buena estrategia para lograr el cambio en nuestro país: “El origen de la riqueza son el trabajo y el capital ¿Qué duda cabe que la ociosidad es el manantial de la miseria? La ociosidad es el gran enemigo del pueblo en las provincias mexicanas. Es preciso marcarla de infamia: ella engendra la miseria y el atraso mental de las cuales surgen los tiranos y la guerra civil que serían imposibles en medio del progreso y la mejora del pueblo”.

En el mensaje del General Obregón que mandó a su hijo cuando llego a su mayoría de edad, se destacan conceptos muy importantes que los padres deberíamos de meditar profundamente para tomarlos en cuenta en la educación y relación con nuestros hijos, el inicia su carta diciendo:

«Hoy asumes, por ministerio de la ley, el honroso título de ciudadano y te substraes de la patria potestad que a tu padre ponía en posesión de la dirección de tus actos; y asumes por lo mismo, toda la responsabilidad de tu futuro, sin que esto signifique -por supuesto- que yo me considere relevado de la obligación que los padres tenemos para aconsejar y apoyar a nuestros hijos. Y he querido, con motivo de esta fecha, darte algunos consejos derivados de los conocimientos adquiridos con mi experiencia y con el conocimiento del corazón humano, que la intensidad de mi vida me ha permitido adquirir y del privilegio que del destino he recibido al permitirme actuar en todas las clases sociales que integran la familia humana.»

De la carta del General Obregón destacaría las siguientes recomendaciones:

  1. No incurrir «en el error tan común en los padres, de querer transmitir su propia experiencia a los hijos; si la juventud es tan hermosa, lo es precisamente porque carece de esa experiencia. La experiencia no es sino el resumen de todas las rectificaciones que el tiempo, al transcurrir, viene haciendo del bello concepto que de la vida y de nuestros semejantes nos formamos, desde que entramos en posesión de nuestras propias facultades.»
  2. Evitar que nuestros hijos pertenezcan a la descripción que hace al clasificar a su hijo: «Tú perteneces a ese grupo de ineptos que integran, con muy raras excepciones, los hijos de personas que han alcanzado posiciones más o menos elevadas, que se acostumbran desde su niñez a recibir toda clase de atenciones y agasajos «

Debemos de hacerlo pues claramente nos destaca que: «Los que nacen y crecen bajo el amparo de posiciones elevadas, están condenados por una ley fatal, a mirar siempre para abajo, porque sienten que cualquier objetivo que elijan como una idealidad de sus actividades, tiene que ser inferior al plano en el que ellos se encuentran»

  1. Nos recomienda educar a nuestros hijos para que miren su vida y su futuro de la manera que lo hacen los que pertenecen a las clases humildes: «Pues ellos están destinados, felizmente, a mirar siempre para arriba, y en ese constante esfuerzo por liberarse de la posición desventajosa en que las contingencias de la vida los han colocado, fortalecen su carácter y apuran su ingenio.»
  2. Nos recomienda evitar otro factor negativo en nuestros hijos: «Pues el tiempo que nos sobra, nos aleja de la virtud y nos acerca al vicio. Y éste es el otro factor negativo para los que nacen al amparo de posiciones ventajosas.»

Pero en su carta destaca el vicio más importante que todas las personas debemos de evitar: «que se llama exceso, yo conozco casos, destaca en su carta, de muchas personas que de la virtud hacen un vicio, cuando se han excedido en practicarla. Procura siempre no incurrir en ningún exceso y nadie podrá decir que tengas un solo vicio.»

  1. debemos de tratar que nuestros hijos constituyan las excepciones: «De todas estas verdades, le dice a su hijo en la carta, solamente pueden librarse los que, teniendo un espíritu superior, llegan a constituir las excepciones de las reglas que siempre se refieren a los casos normales. Si tú logras constituir una de esas excepciones, tendrás que aceptar que has sido un privilegiado del destino, logrando así para honor tuyo y satisfacción de tu padre, librarte de los precedentes establecidos y podrás crearte una personalidad propia, cuyo mérito lograrás sin esfuerzo, que todos reconozcan.»

Las sabias palabras de Morelos y de Álvaro Obregón deberían de penetrar en nuestras conciencias para hacerlas nuestras en un intenso deseo de hacer de nuestro país, un excelente país y de nuestros hijos hombres y mujeres de bien.

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