Los LEDs son ampliamente utilizados para múltiples aplicaciones, y son una alternativa más eficiente a los fluorescentes y las bombillas incandescentes. Dos investigadores han encontrado ahora una forma de crearlos a partir de los restos de comida y bebida. Además de utilizar tales restos, que de otra forma se descompondrían y no servirían para nada, este avance puede también reducir los potencialmente peligrosos desechos procedentes de los LEDs, hechos por regla general de elementos tóxicos.

Los LEDs son un tipo de dispositivo que puede convertir de forma eficiente electricidad en luz. A diferencia de los fluorescentes y de las bombillas incandescentes, que malgastan en producir calor el 80% de su energía consumida, los LEDs emplean el 80% de su energía consumida para producir luz. Esto es posible gracias a que los LEDs no necesitan un filamento que deba calentarse, como sí ocurre con las bombillas incandescentes o los fluorescentes.

Los LEDs pueden ser producidos a partir de puntos cuánticos, o diminutos cristales que poseen propiedades luminiscentes. Dichos puntos pueden fabricarse con numerosos materiales, algunos de los cuales son escasos y caros de sintetizar, e incluso potencialmente peligrosos a la hora de eliminarlos. Algunas investigaciones a lo largo de los últimos 10 años se han centrado en utilizar puntos de carbono (puntos cuánticos hechos de carbono), para crear LEDs.

Comparados con otros tipos de puntos cuánticos, los puntos de carbono tienen una toxicidad más baja y una mejor biocompatibilidad, lo que significa que pueden ser usados en una gama más amplia de aplicaciones.

Prashant Sarswat y Michael Free, de la Universidad de Utah, tras año y medio de arduo trabajo, han conseguido convertir desechos de comida, como trozos de tortilla tirados a la basura, en puntos de carbono, y posteriormente, en LEDs.

Para sintetizar puntos de carbono a partir de desechos alimentarios, Sarswat y Free emplearon un proceso en el cual los desechos fueron colocados en un disolvente bajo presión y altas temperaturas hasta que se formaron los puntos de carbono. En este experimento, los investigadores usaron restos de refrescos y trozos de pan y tortilla.

Actualmente, una de las fuentes más habituales de puntos cuánticos es el seleniuro de cadmio, un compuesto hecho de dos elementos tóxicos. La capacidad de crear puntos cuánticos en la forma de puntos de carbono a partir de desechos alimentarios eliminaría la necesidad de preocuparnos por los desechos tóxicos, ya que los de tipo alimentario no lo son por sí mismos.

En las naciones industrializadas, los desechos de comida y bebida no escasean precisamente, de modo que la materia prima para el nuevo y singular proceso de fabricación de puntos de carbono es abundante y por ser basura es esencialmente gratuita.

Por NCYT

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