Vladímir Putin quiere recuperar la confianza de los rusos. Consciente de que su popularidad está en caída libre por la situación económica y las reformas sociales impopulares, el presidente de Rusia ha desplegado este miércoles nuevas amenazas militares contra Estados Unidos y ha anunciado un paquete de medidas económicas orientadas a mejorar la vida de las familias. Alejado del discurso centrado solo en lo belicista de los últimos años, Putin ha tratado de abrazar medidas sociales en su discurso anual sobre el estado de la nación. Aunque como broche final ha lanzado una amenaza clara y contundente a la OTAN y a Estados Unidos: si tras el abandono del tratado de desarme nuclear clave Washington coloca sus misiles en Europa, Rusia desplegará y apuntará con nuevos cohetes no solo a la UE, sino también a EE UU. Su desafío más fuerte hasta la fecha que es, sobre todo, simbólico. “Estamos dispuestos a entablar negociaciones sobre el desarme pero no vamos a llamar a una puerta cerrada”, ha clamado el presidente ruso ante los miembros de la Asamblea Federal.

En la primera intervención para todo el país tras la retirada de Estados Unidos del tratado de desarme nuclear de misiles de alcance intermedio, conocido como INF, el presidente ruso ha afirmado que Rusia no tiene intención de actuar primero, pero que no dudará en responder. Putin ha anunciado orgulloso que las últimas armas nucleares prometidas —nuevos misiles hipersónicos y un submarino nuclear— estarán listas muy pronto. Y ha acusado a Washington de mentir y utilizar falsas excusas para abandonar el INF, que prohíbe el desarrollo y despliegue de misiles terrestres con un rango de 500-5.500 km.  Además, el líder ruso ha afirmado que Washington lleva años incumpliendo este pacto bilateral clave que data de la Guerra Fría que, tras la salida estadounidense, Rusia también ha abandonado. La Casa Blanca asegura que es Moscú quien ha violado el tratado en numerosas ocasiones estos años.

Putin ha lanzado este miércoles su amenaza más dura contra Washington y contra la OTAN. Ha pedido a la Casa Blanca calcular los riesgos de atacar e intimidar a Moscú. Y frente al discurso que había mantenido en los últimos tiempos de que Rusia solo emplearía medidas equivalentes contra EE UU, ha amenazado con utilizar también medidas “asimétricas” si EE UU coloca sus cohetes en la Unión Europea. Si es así, “Rusia se verá obligada a fabricar y desplegar tipos de armamento que pueden ser utilizados no solo contra los territorios de donde provenga la amenaza directa, sino también contra los territorios donde se encuentren los centros de toma de decisiones para el empleo de los sistemas de misiles que nos amenacen”, ha recalcado en la alocución sobre el estado de la nación, con la que marca las líneas a seguir durante el año. Es decir, si EE UU coloca sus misiles en la UE, Rusia desplegará sus nuevas armas para alcanzar no solo a Europa sino también a Estados Unidos. Un ultimátum que la OTAN ha definido ya como “inaceptable”.

Aunque se cree que Rusia ya está apuntando a Washington y otras ciudades occidentales con misiles balísticos intercontinentales tradicionales (y viceversa), Putin ha presumido de sus nuevos proyectos armamentísticos, como el nuevo misil hipersónico Tsirkon que podría alcanzar hasta 1.000 kilómetros y atacar objetivos terrestres. Y tras su intervención, el Ministerio de Defensa Ruso ha avivado aún más el ruido de sables al difundir un vídeo de un nuevo dron nuclear submarino.  En medio de un deterioro constante de las relaciones entre Moscú y Washington, la escalada de tensión como la que ha insinuado Putin podría reproducir el escenario de 1962, cuando Rusia emplazó misiles en Cuba en respuesta a la colocación de cohetes estadounidenses en Turquía.

Esa amenaza de “respuesta asimétrica” ha sido el broche final de su discurso. Distinto al del año pasado, en el que Putin anunció la creación de “armas invencibles” y desplegó enormes pantallas con animaciones en las que mostró esos nuevos misiles alcanzando directamente Mar-a-Lago, en Florida, donde suele veranear el presidente estadounidense, Donald Trump. Este miércoles, Putin pese a las advertencias ha afirmado que desea que la UE “de pasos para normalizar” sus relaciones, y también que Rusia aún está dispuesta a negociar sobre el control de armas.

Menos impuestos para las familias

De los 87 minutos de discurso, Putin ha dedicado apenas 10 a su tradicional discurso militarista. Eso sí, ha sido un tiempo escaso pero preciso y cargado de amenazas. Por sexto año consecutivo, los ingresos reales de los rusos se han reducido. Y de ello les ha hablado Putin este miércoles. Lo que ha prometido fundamentalmente ha sido misiles y pan. “Gracias a muchos años de trabajo en común y a los resultados obtenidos, ahora podemos dirigir y concentrar nuestros enormes recursos financieros en los objetivos de desarrollo de Rusia”, ha afirmado el presidente ruso, que ha presentado su plan social más ambicioso.

Cadetes del cuerpo de Cosacos ven el discurso de Putin en televisión, este miércoles en Rostov del Don.
Cadetes del cuerpo de Cosacos ven el discurso de Putin en televisión, este miércoles en Rostov del Don.REUTERS

Putin ha perdido el efecto de fervor patriótico creado por la anexión de la península ucrania de Crimea hace cinco años, que logró darle una victoria abrumadora en las elecciones del pasado 18 de marzo (un 76%). Las sanciones occidentales y la crisis están teniendo un efecto notable en el bolsillo de la ciudadanía rusa. Así que Putin, con la popularidad en mínimos históricos (un 64% frente al 82% de hace un año, según datos del Centro Levada), se ha querido centrar en promesas que los rusos puedan palpar: más fondos para sanidad, educación, programas sociales; y subir los sueldos (en Rusia, el salario mínimo es, de media, de unos 140 euros, según Rosstat). Además, ha criticado la burocracia, las listas de espera en la sanidad y los lentos procesos judiciales. El líder ruso hablado incluso de reciclaje y medio ambiente y ha prometido más fondos para oncología y cuidados paliativos.

En una sala plagada de banderas rusas y ante las dos Cámaras del Parlamento, líderes religiosos y personalidades de todos los ámbitos de la vida rusa, el presidente de Rusia ha desplegado una pantalla azul en la que ha ido desgajando sus principales promesas. De manera esquemática, como si estuviera dando una clase. El líder ruso se ha detenido en el anuncio de beneficios fiscales para las familias con hijos, duplicar los recursos para apoyar a las personas con discapacidad y menos impuestos para las familias. También ha prometido subir las pensiones para que lleguen al “mínimo vital” —la cantidad mínima con la que se puede subsistir, unos 150 euros en Moscú, por ejemplo—, una medida orientada a paliar un poco el enfado provocado por el aumento de la edad de jubilación.

Su finalidad es aumentar el PIB hasta el 3% en 2021, ha dicho despertando los aplausos de los asistentes. Sin embargo, es un objetivo oceánico si se tiene en cuenta que en 2017 (el último año con datos claros) fue del 1,5%. “Tenemos un buen colchón de seguridad financiero”, ha dicho. Y ha añadido: “Por primera vez en la historia nuestras reservas cubren nuestra deuda externa”. Pese a esto, el líder ruso no ha aclarado cómo pagará el Estado todas sus promesas sociales. La economía rusa creció a una tasa anual de solo 0.7% en enero, según ha reconocido el ministro de Economía, Maxim Oreshkin, citado por la agencia Interfax.

Por encima de todo, el presidente Putin ha dejado un mensaje muy claro: quiere más rusos para Rusia. “Rusia pasa por un momento demográfico difícil”, ha reconocido el presidente ruso. Y si no se ataja puede poner en riesgo el crecimiento del país. La situación ha mejorado en los últimos años, como ha reconocido el líder ruso, y ya no mueren más ciudadanos de los que nacen en Rusia. Pero aún así la natalidad sigue cayendo: en 2017 hubo un 10% menos de alumbramientos que el año anterior, según el Instituto Federal de Estadísticas. Y a esa pérdida de población y la provocada por las salidas —hay dos millones en el exterior y unos 60.000 rusos salen del país cada año para trabajar en otros países (el 40% con educación superior, según varios estudios)— se suma el renqueante crecimiento de la esperanza de vida: 68 años para los hombres y 77 para las mujeres.

Así que, las medidas orientadas a paliar el invierno demográfico y aumentar la natalidad se han convertido en los anuncios estrella de su discurso, en el que ha prometido: más ayudas a las familias numerosas, más plazas en las guarderías, menos burocracia para acceder a las ayudas sociales o ayudas con cargo al presupuesto público para que las familias con hijos puedan pagar la hipoteca. También un nuevo plan para que quien pierda su empleo (menos de un 5% en Rusia) pueda paralizar el pago de su hipoteca hasta que logre otro empleo. “A más hijos, menos impuestos”, ha anunciado en una intervención que ha sido retransmitida en todas las cadenas estatales y difundido en todos los cuarteles del Ejército y centros oficiales. Y ha añadido: “La ciudadanía debería ver ya mejoras en su vida a partir de este año”.

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